| Os contamos cómo es un bautizo en esta apasionante especialidad, vista desde el punto de vista de un pescador de orilla.
Gran parte de los pescadores de caña de ribera han soñado con probar la pesca de altura.
Una técnica de pesca que aparentemente está destinada a gente de gran nivel adquisitivo que puede pagarse el capricho de disfrutar de una salida en un barco alquilado para la ocasión. Evidentemente, el sufragio en solitario de este servicio individual está destinado a gente con cartera muy abultada, pero como un barco parado en puerto es una empresa deficitaria, los charter, o servicios de pesca embarcada de alquiler, se tienen que adaptar a otro tipo de clientela, la mayoría de mortales que no pueden o no quieren realizar desembolsos considerables. Por esto que también se imponen las jornadas compartidas, o sea, el consenso de varios pescadores para que, entre todos, se amorticen los gastos de una misma salida. Los miembros participantes no tienen porqué conocerse, cualquier interesado se puede apuntar. Cuando se cubre un cupo mínimo de solicitantes para una determinada jornada determinada por el patrón de turno, ya se puede partir en busca del gran pez.
ASEQUIBLE PARA EL BOLSILLO
Estas expediciones en cooperativa tienen una gran ventaja, evidentemente el precio, que ronda sobre los 85 euros por persona (variará según la empresa y el número de pescadores a bordo) por unas seis horas, cuando una salida individual incrementaría este precio ocho o diez veces. La gran desventaja es que sólo pescará durante un periodo aquel participante que tenga la suerte que su caña asignada tenga una picada, estando el resto de los expedicionarios mirando cómo lo hace.
Para coordinar a todos y evitar suspicacias en el barco en el que realizo el viaje, de nombre “Tono” de la empresa “Lanzarorte fishing” se hacen unos sorteos de turnos de cañas, por lo que únicamente puede tirar del carrete de arrastre aquel afortunado que le coincida en su tanda horaria, ya que por cuestiones operativas no puede pescar más de una persona a la vez en la gran silla de combate. Una rifa previa con unas cartas de baraja ordena las tandas y las cañas, teniendo que cambiar cada hora de posición.
Algunas cañas menos potentes están preparadas para túnidos de tamaño más pequeño, mientras que las más grandes para el impresionante marlín. Todos ansiamos sentarnos en la silla de tortura con sus cierres y cinturones para aguantar el envite de estos bellos colosos. Mientras tanto, con la captura de los listados con las cañas pequeñas se intenta que varios de los participantes puedan entretenerse con los pequeños túnidos.
¡OTRA VEZ SERÁ!
Mi primera experiencia en una jornada compartida de pesca de altura no tuvo los frutos deseados. Cuando alguien viaja a Lanzarote en plan turismo en un viaje organizado para una semana es factible, aunque no sea lo habitual, que como en mi caso ocurran imprevistos. Primero: que una de las salidas previstas se suspenda por mala mar y excesivo viento. La segunda oportunidad, dos días después que apaciguó el aire y el mar, que se anule el crucero apenas dos horas después de zarpar de puerto. En nuestra búsqueda del gran marlín la mala suerte hizo que el viento y las corrientes poco a poco se fuesen incrementando durante nuestra navegación, con lo que: ¡vuelta al dique!
Más información en la revista
|