| Poseer entre cuatro y seis
perros adultos cazando solamente jabalí
implica mucho trabajo, además de tener
en la perrera otros dos, tres o cuatro
perros, contabilizando cachorros, perros
convalecientes o en celo y perros ya muy
mayores”. Evito a propósito el término
jauría, inclinándome por usar la palabra
“equipo”. La razón es que, por lo general, a
los monteros del norte de la Península no
les interesa que sus perros se mantengan
siempre unidos; muy al contrario,
no les importa que los perros se repartan
en un encame con varios jabalíes.
Un equipo de perros de rastro
para la caza del jabalí
ha de construirse sobre
tres pilares fundamentales: inteligencia,
valor y nariz. Pongamos
estas tres cualidades en el
orden que mejor nos convenga
o nos convenza a cada uno, pero
todas y cada una de ellas son
indispensables. Existen otras
cualidades muy importantes,
como pueden ser la velocidad
en el acercamiento y la persecución,
la potencia y frecuencia
de la voz, etc., pero las tres
primeras seguirán siendo fundamentales,
insustituibles, por
muchas otras que nombremos:
nariz para acometer con éxito
rastros complicados en días difíciles,
inteligencia para hacerlo de manera eficiente y valor para
culminar el lance con éxito.
Todos conocemos perros con
una nariz prodigiosa que, según
avanzan en el rastro, cuando
intuyen que el jabalí puede estar
cerca van levantando la cabeza,
escuchando, intentando
ventear, desconfiando medrosos
de cada bulto oscuro entre
la maleza. También, todos
hemos conocido perros extremadamente
valientes, que sin
dudarlo se lanzaban a morder
sin medida; no obstante, hablo
en pasado porque estos perros
no suelen durar mucho tiempo,
pues no aprenden a medir las
distancias y acaban sucumbiendo
más pronto que tarde por
un mal golpe o una mortífera cuchillada. Evidentemente,
con esta clase
de perros no se puede
contar, no sirven.
EQUILIBRIO DE CUALIDADES
Es inevitable que unos
perros sean más o menos valientes
que otros, más o menos
inteligentes que otros, con más o
menos olfato que otros. La cuestión
no es construir un equipo en base a extremos (dos perros de
mucha nariz y dos perros muy
valientes), sino hacerlo en base
a la búsqueda de un equilibrio
de cualidades, de manera que
la media resultante permanezca
en valores altos, sin que existan
diferencias extremas entre las individualidades.
Como ya hemos comentado
en alguna ocasión, en un equipo
para el jabalí hay dos perros
ideales insustituibles: aquél que
hace maravillosamente el rastro
frío, uno de esos perros que
apeonan realmente bien sobre el
rastro del jabalí una vez suelto, a
buena velocidad y dando la voz
aunque el rastro se encuentre en
mal estado y sin cambiar de animal
bajo ninguna circunstancia; y el perro que marca la diferencia
en el cara a cara con el jabalí, que
no da jamás un paso atrás, incisivo,
muy ladrador, que sin agarrar
(para eso existen los perros
de agarre y no los sabuesos) es
capaz de presionar fuerte para
hacer correr al jabalí, que finalmente
es de lo que se trata (un
perro de este tipo es clave para
que el equipo, tras varios encuentros
difíciles, no flojee en el cara a cara). Algunos monteros intentan
solucionar esta eventualidad
integrando en el equipo a un terrier
o a un cruzado de sabueso
con amastinado o agarre, pero
eso es algo que hay que sopesar
en profundidad porque este tipo
de perros, generalmente, lo único
que va a aportar es fuerza y empuje
-y facturas del veterinario-,
careciendo prácticamente de
cualquier otra cualidad útil en la
caza con sabuesos.
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