| Sin poderla tomar ya como pieza habitual en cualquier rincón atractivo de nuestros cotos en verano, pues las codornicillas están obligadas a buscarse la vida en un campo cada año menos propicio para que se queden siquiera unas semanas, sí es cierto
que muchos de nosotros trabajamos todo el año para que nuestros perros lleguen en las mejores condiciones y nos
permitan tirar algunas tras una búsqueda realmente sufrida. Cazar codornices con un perro cómplice del cazador
es un lujo, pero nos habremos fijado que unos perros las cazan por alto y otros a medio porte, rabeando mucho
más y bajando la cabeza frecuentemente. ¿Sabemos la razón y cuáles son mejores para dar con la codorniz arisca
que apeona rápido en el forraje o que se amaga en mitad del amplio rastrojo?
Dicen que nariz como la de
los mostradores británicos,
ninguna. Yo me permito
matizar que nariz como la
de un buen perro codornicero
sí que no la encontraremos, sea
cual sea la raza y hasta su forma
de cazar. Y es que aquí tenemos
siempre servida la disparidad de
opiniones y hasta los grandes
equívocos que rodean a nuestra
actividad cinegética.
Nariz de verano, nariz sensible,
dulce incluso, exceso de
recursos de captación de emanaciones
en algunas ocasiones.
Damos un valor fundamental a
la capacidad olfativa de nuestro
perro, queremos que las huela
a cien metros, que bloquee pájaros
indomables que están a
cincuenta metros por delante; a
todos nos gusta el perro que por
allí donde pasemos, no deje una
codorniz, ¿verdad? Pues no es
por su nariz, lamento desilusionar
a algunos cazadores.
Pasado un cierto nivel de
capacidad olfativa, lo demás
depende únicamente de tres aspectos,
algunos poco respetados
a menudo por el cazador: entrenamiento,
capacidad de gestión
de emanaciones y libertad de trabajo.
Todo esto, fraguado en su
justo punto de fusión y acompañado
de experiencia, diversidad
de cazaderos visitados y complicidad
con el cazador, depara el
resto. Si, ya sé que hay ejemplares que luego son más o menos
avispados, más o menos dados a
registrar lo duro y espeso o más
dados a la llanura amplia y limpia,
pero ahí está el factor diferencial
por el que nunca -insisto,
nunca- podemos generalizar en
cuanto a una raza, pues por encima
están las particularidades
puntuales de cada ejemplar.
En esta ocasión vamos a
tratar un tema que siempre regresa a las tertulias y debates
cinegéticos con la proximidad
del inicio de la nueva campaña
de codorniz, y que luego se recrudece
incluso cuando octubre
nos trae ya los vientos perdiceros.
¿Son mejores los perros
que cazan la codorniz por alto o
los que la buscan de forma más
detallista, rabeando, no dudando
en bajar la nariz cuando lo pide el campo? Amigos, dispongan
sus opiniones, hay para
todos los gustos...
¿MÁS O MENOS NARIZ?
Entre un mostrador británico
o continental que lacea a un
ritmo fuerte, incluso alto para
muchos cazadores, que recorre
el cazadero con amplitud y
siempre mantiene una posición
alta de su cabeza, en línea con su espalda para aprovechar y
adaptar su galope, y un mostrador
británico o continental
que caza a un ritmo más bajo,
insistente, laceando y rodeando,
registrando cardos, sucios,
acequias, que ‘revolotea’ ante
el cazador, rabeando, bajando
la nariz aquí, elevándola
allá, ¿cuál es mejor para cazar
codornices? Es más, ¿cuál diríamos
que tiene más y mejor
nariz? Creo que, sin equivocarme
demasiado, la mayoría
opina que el perro del primer
supuesto aventaja claramente
al segundo; hay quien dice que
el segundo ejemplar será un
perro falto de nariz, que debe
buscar despacio para encontrar
la caza, que ese perro nunca encontrará
las mismas codornices
que el primero, que le ganará
con diferencia.
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