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Agosto
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Nariz al viento y rabeando, dos estilos para cazar codornices
Dicen que la caza de la codorniz es la escuela para los perros de muestra.
Cómo entender y aplicar el trabajo de nuestros perros
  Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez y Maite Moreno
Sin poderla tomar ya como pieza habitual en cualquier rincón atractivo de nuestros cotos en verano, pues las codornicillas están obligadas a buscarse la vida en un campo cada año menos propicio para que se queden siquiera unas semanas, sí es cierto que muchos de nosotros trabajamos todo el año para que nuestros perros lleguen en las mejores condiciones y nos permitan tirar algunas tras una búsqueda realmente sufrida. Cazar codornices con un perro cómplice del cazador es un lujo, pero nos habremos fijado que unos perros las cazan por alto y otros a medio porte, rabeando mucho más y bajando la cabeza frecuentemente. ¿Sabemos la razón y cuáles son mejores para dar con la codorniz arisca que apeona rápido en el forraje o que se amaga en mitad del amplio rastrojo?

Dicen que nariz como la de los mostradores británicos, ninguna. Yo me permito matizar que nariz como la de un buen perro codornicero sí que no la encontraremos, sea cual sea la raza y hasta su forma de cazar. Y es que aquí tenemos siempre servida la disparidad de opiniones y hasta los grandes equívocos que rodean a nuestra actividad cinegética.

Nariz de verano, nariz sensible, dulce incluso, exceso de recursos de captación de emanaciones en algunas ocasiones. Damos un valor fundamental a la capacidad olfativa de nuestro perro, queremos que las huela a cien metros, que bloquee pájaros indomables que están a cincuenta metros por delante; a todos nos gusta el perro que por allí donde pasemos, no deje una codorniz, ¿verdad? Pues no es por su nariz, lamento desilusionar a algunos cazadores.

Pasado un cierto nivel de capacidad olfativa, lo demás depende únicamente de tres aspectos, algunos poco respetados a menudo por el cazador: entrenamiento, capacidad de gestión de emanaciones y libertad de trabajo. Todo esto, fraguado en su justo punto de fusión y acompañado de experiencia, diversidad de cazaderos visitados y complicidad con el cazador, depara el resto. Si, ya sé que hay ejemplares que luego son más o menos avispados, más o menos dados a registrar lo duro y espeso o más dados a la llanura amplia y limpia, pero ahí está el factor diferencial por el que nunca -insisto, nunca- podemos generalizar en cuanto a una raza, pues por encima están las particularidades puntuales de cada ejemplar.

En esta ocasión vamos a tratar un tema que siempre regresa a las tertulias y debates cinegéticos con la proximidad del inicio de la nueva campaña de codorniz, y que luego se recrudece incluso cuando octubre nos trae ya los vientos perdiceros. ¿Son mejores los perros que cazan la codorniz por alto o los que la buscan de forma más detallista, rabeando, no dudando en bajar la nariz cuando lo pide el campo? Amigos, dispongan sus opiniones, hay para todos los gustos...

¿MÁS O MENOS NARIZ?
Entre un mostrador británico o continental que lacea a un ritmo fuerte, incluso alto para muchos cazadores, que recorre el cazadero con amplitud y siempre mantiene una posición alta de su cabeza, en línea con su espalda para aprovechar y adaptar su galope, y un mostrador británico o continental que caza a un ritmo más bajo, insistente, laceando y rodeando, registrando cardos, sucios, acequias, que ‘revolotea’ ante el cazador, rabeando, bajando la nariz aquí, elevándola allá, ¿cuál es mejor para cazar codornices? Es más, ¿cuál diríamos que tiene más y mejor nariz? Creo que, sin equivocarme demasiado, la mayoría opina que el perro del primer supuesto aventaja claramente al segundo; hay quien dice que el segundo ejemplar será un perro falto de nariz, que debe buscar despacio para encontrar la caza, que ese perro nunca encontrará las mismas codornices que el primero, que le ganará con diferencia.

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Miguel F. Soler  
 
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