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Claves para alquilar con éxito
Alquilar un barco es otra forma de plantearse la navegación y la forma de disfrutar del mar.
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No es nueva, aunque en nuestro país no esté desarrollada como en otros en los que se navega más, pero existen ofertas y posibilidades para todos los gustos y bolsillos, en casi todos los puertos españoles y con empresas que saben lo que hacen y lo hacen bien. Hay que comparar los presupuestos y definir planes de navegación para darse cuenta de que alquilar un barco puede ser la mejor solución.

Ya se conoce en España lo que es el chárter de barcos de recreo, aunque no en todos los ámbitos y, más que nada, en aquellos en los que ya se navega. Pero poco a poco se instala de forma firme y segura, ofreciendo barcos, posibilidades y servicios con toda garantía. Las flotas se han mejorado y actualizado, los conocimientos de quienes alquilan aumentan y se atreven a navegar más lejos y se adoptan soluciones para los posibles problemas para ofrecer al cliente un producto fiable, con garantía y que cumpla los requisitos que exige toda navegación.

Pese a que lo predominante en España es la posesión del barco, el alquiler a una compañía de chárter puede ser una opción más lógica, e incluso más barata, que mantener una embarcación todo el año en un atraque con los cuidados y mantenimiento necesarios para que funcione en el momento elegido y deseado.

Un barco es un sueño, una meta, un medio de evadirse y de disfrutar del mar, y lo que permite recomponer mentes y cuerpos ajetreados por el trabajo y las obligaciones terrestres. Una travesía, una sesión diaria de baños, aperitivos, comidas y noches tranquilas en un fondeo, horas tendidos al sol o millas por la proa para disfrutar de la navegación, libertad para escoger rumbo, lugar y ritmo de vida. Evasión, en una palabra...

Pero ser armador, tener un barco propio y que esté en condiciones de navegar con seguridad y eficacia no es tan sencillo. Un barco que será de vela o de motor, en función del ritmo de navegación escogido, de los conocimientos disponibles y de los sueños, y de un tamaño variable dependiendo de las necesidades y del número de tripulantes, de la familia y de los planes de navegación. El abanico de posibilidades es amplio y los concesionarios y astilleros están dispuestos a ofrecer lo que más convenga y mejor se adapte a las necesidades de cada cliente. Pero, además del barco, se necesita un puesto de atraque en condiciones en un puerto lo más cercano posible al lugar de residencia habitual, y los documentos y seguros necesarios para estar en regla con las autoridades y con la normativa y gerencia del puerto, así como cumplir con los impuestos y tasas que pide todo organismo que ve posibilidad de sacar tajada. Además, deberemos estar pendientes de contar con la documentación del barco vigente, con las revisiones al día, el material de seguridad necesario y en fechas, así como con extintores, instalación de gas, depósitos de combustible y agua, motores, baterías, bombas de achique, fondeo, velas, toldos y auxiliar en buen estado. Para ello, será imprescindible llevar a cabo un mantenimiento periódico y cuidadoso de todo el material, para conservarlo y ayudar a que envejezca bien y a flote, si queremos seguir teniendo barco y poder utilizarlo al menos durante unos días en verano.

O bien, después de hacer cuentas y analizar nuestras pretensiones y realidad de forma lógica y razonada, prescindimos del ansia de poseer un capricho más y nos inclinamos por alquilar un barco a una compañía de chárter. Escogeremos las fechas que nos encajen, debidamente planificadas, podremos elegir el tipo de barco en función de nuestros planes, para el número de personas que se apunten y en el lugar que más nos convenga. Podremos disponer del barco la fecha contratada, en perfecto estado de revista y con los permisos en regla, con todo funcionando y con el nivel de seguridad necesario, en el Caribe si nos apetece escaparnos en invierno, en la Costa Brava si queremos descubrirla, o en Baleares si son las islas las que nos apetece disfrutar. Y una vez terminadas las vacaciones, la travesía o el descubrimiento del medio marino, devolveremos el barco a su sitio, a su propietario, y nos iremos a casa con la maleta y la experiencia vivida, sin tener que preocuparnos de más hasta que nos vuelvan a faltar aire y sal en la cara, o dispongamos de días y presupuesto para volver a navegar en el sitio que nos apetezca, con quien queramos y en la época que mejor nos convenga.

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Javier Bravo-Morata  
 
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