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PRÁCTICO EQUIPO
Guiacabos
Por proa, por popa, por los costados… sea por donde sea, un barco necesita sacar y meter cabos (de amarre, de fondeo, de remolque o de seguridad) por su borda.
Cómo y dónde
  Fotos: 
Y este paso de los cabos por la borda del barco, ya sea de pesca, de trabajo o deportivo, puede dañar tanto el cabo como el barco, por lo que, desde siempre y en todos los barcos, los guiacabos son imprescindibles, necesarios para una buena maniobra y un correcto mantenimiento de la borda. Su ausencia es injustificable, a menos que, por situarse los puntos de amarre muy exteriores, no sean necesarios, ni en proa ni en popa; de no ser así, será un claro síntoma de que no prestamos la debida atención a nuestra embarcación y a nuestras amarras.

Se trata de salvaguardar la borda del barco, ya sea de madera, poliéster o acero, de ofrecer un paso suave a los cabos para que no se dañen, de mantenerlos en una posición fija y en la dirección que deben, por eso se llaman guía-cabos. Las amarras que utilizaremos deberán estar en consonancia con la altura de la borda, de la proa o de la popa, de la cubierta en sí, para que los guiacabos cumplan con su función y no permitan que el cabo se salga de su sitio. Luego, además de guiar, los mantienen en su sitio, consiguiendo un buen amarre o un buen fondeo y alargar su vida durante años, manteniendo una seguridad aceptable. Son imprescindibles, ineludibles en todo barco que se precie, y, aunque no hacen un gran esfuerzo ni necesitan un mantenimiento periódico, su concepción, su instalación y el uso correctos son necesarios para que todo vaya como la seda en el mar, estemos o no a bordo. Si no están bien concebidos, si el cabo se sale, si un tornillo sobresale y daña el cabo, si tienen cantos agresivos o si están mal situados, ofreciendo una resistencia innecesaria, peligrará el amarre del barco, su seguridad en verano o invierno, la calidad del fondeo y, sobre todo, la borda del barco, que recibirá un trato y un esfuerzo para el que no está calculada.

EL DISEÑO
En la náutica deportiva es necesario tener un diseño de las piezas y herrajes acorde con la estética del barco y su condición, su tamaño y tipo de navegación. Además, un guiacabos debe estar concebido para ser fijado en una superficie pequeña, como su tamaño, con un material resistente e inoxidable, y debe permitir meter el cabo fácil y rápidamente y sacarlo igual, e impedir al mismo tiempo que el cabo se salga solo mientras trabaja. Aunque pueda parecer complicado, los guiacabos existen desde hace cientos de años y la pieza en sí está definida, y claro su diseño; lo que sí admite son variaciones, adaptaciones, nuevos materiales, diseños más esmerados o adaptados a las líneas del barco. Y, al aumentar la eslora de los barcos de recreo, también deben aumentar su tamaño, a veces hasta secciones o diámetros considerables en orificios de la estructura, con rodillos verticales de gruesos ejes para aguantar las toneladas del barco a flote en todo tipo de condiciones. Los tamaños y diseños deben estar relacionados con el esfuerzo que tendrán que soportar, la eslora del barco y la sección de los cabos o cadenas que se manejarán a bordo, ya vengan de tierra, de un fondeo o de un remolque.

Su abertura deberá dejar pasar el cabo indicado con holgura, el paso previsto deberá ser suave y redondeado en toda la zona que pueda entrar en contacto con el cabo, y la abertura deberá impedir que éste se salga solo si se afloja o el barco salta con un par de olas. Para ello, los “cuernos” contrapuestos, que desde siempre se han utilizado como solución idónea, se mantienen y sobreviven, aunque también se instalan otros componentes, mejorando su trabajo o, a veces, complicándolo debido a un diseño límite que no piensa en el marinero que debe utilizarlo con sus manos de por medio. Se puede decir que todo está inventado respecto a los guiacabos desde hace tiempo, pero el siglo XXI aporta modas, líneas y materiales, a veces algunas soluciones, que pueden mejorarlos. Además de barcos deportivos de grandes esloras, cuya altura de cubiertas es superior a la de los muelles y pantalanes, debiendo adoptar soluciones y otros sistemas que sean eficaces y aguanten las toneladas de desplazamiento balanceándose, más o menos, sobre el agua las 24 horas del día.

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Javier Bravo-Morata  
 
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