| Ofrece una embarcación con una estudiada carena que proporciona gran confort de navegación junto a amplios y lujosos espacios donde destacan elegancia, refinamiento y confort. Con un exclusivo flybridge, amplio salón-comedor y tres agradables camarotes con aseo propio, la Prestige 50 consta de todo lo necesario para seducir a cualquier armador.
Nacida de la voluntad de crear una gama completa de cruceros a motor con excepcionales prestaciones en navegación y un diseño elegante y contemporáneo, la marca Prestige se ha ganado su autonomía para convertirse en una línea completamente independiente de Jeanneau. Si hasta el momento abarcaba modelos de entre 10 y 15 metros de eslora, irrumpe este año en las grandes esloras con el modelo inaugural de la gama Yachts, el Prestige 60, con la intención de ampliar el espectro hasta los 85 pies. Pero esto no es todo, y es que este año seguirá reforzando el segmento que ha marcado su éxito con la incorporación de las Prestige 39 y 42.
La unidad que ahora nos ocupa, la Prestige 50, es un crucero de gran porte y, hasta ahora, el de mayor desplazamiento de su gama, con cinco modelos y esloras comprendidas entre los casi 11 y los 16 metros. Con un diseño del casco centrado en el rendimiento y el confort con independencia de las condiciones meteorológicas, el equipo de Jeanneau Design, junto con el prestigioso estudio de Garroni, ha creado un conjunto construido por infusión, de líneas claras y rematado por una proa en V profunda, que se concreta en la belleza de sus líneas, unas elegantes curvas y los materiales selectos, así como en una distribución de espacios equilibrada, con mobiliario de lujoso estilo contemporáneo concebido para ofrecer la máxima comodidad a bordo.
NAVEGACIÓN
Las aguas de la costa de Niza fueron las elegidas en esta ocasión, por el propio astillero, para que la prensa especializada pudiera realizar las pruebas de esta embarcación. La jornada se nos presentó con el cielo despejado, un moderado viento de 12 nudos y una molesta marejadilla que agradecimos para poner a prueba el diseño del casco, que se presentaba limpio y con patente. Una vez fuera del puerto, la progresión de velocidades y el test de navegación de nuestra unidad se llevó a cabo desde el flybridge, donde el puesto de gobierno, equipado con mandos electrónicos y dirección hidráulica, ofrece, además de un excelente campo de visión, un asiento ergonómico fijo de dos plazas enfrentado a una robusta consola equipada con un completo panel de instrumentación de fácil y clara lectura que incluye piloto automático, control de la hélice de proa y plotter en color. La unidad, que montaba dos motores Volvo Penta D9 de 575 CV –única motorización disponible en este modelo–, logró una velocidad punta de casi 30 nudos a 2.500 rpm, con un registro sonoro en su interior de 90 decibelios, necesitando para ello un tiempo de 40 segundos desde su arrancada en parado, mientras que, para alcanzar el planeo, empleó 15 segundos. Registros, todos ellos, elevados debido a los 14.540 kilos de desplazamiento de la embarcación. No obstante, la agilidad y la velocidad no suelen ser los mejores atributos de una embarcación con este programa, como sí lo son la estabilidad y el asentamiento. Durante el test, aunque notamos cierta vibración provocada por los motores, la estabilidad ofrecida por el casco en V profunda con dos redanes por banda fue correcta y, el asentamiento, capaz de soportar mares revueltos con contundencia, confianza y absoluta ausencia de pantocazos, favoreciendo el confort a bordo.
Más información en la revista
|