| La raza se consolida en 1888, año en que se funda el Club del bulldog francés, que busca la unificación del tipo dada la gran disparidad existente entre los perros. Para ello se redacta el estándar, que ha sufrido considerables modificaciones con el paso del tiempo. Todavía no se impone la oreja erecta, tipo murciélago, que en los años posteriores llegaría a ser una de las características más definitorias de la raza. Hasta 1932 los bulldogs franceses podían tener las orejas de murciélago, en rosa o caídas.
¿FRANCESES O BRITÁNICOS?
El bulldog francés es un molosoide de talla pequeña según la clasificación de la Federación Cinológica Internacional. ¿Qué es un moloso? El nombre procede de la ciudad de Molosia, en el antiguo Epiro, donde se encontró una estatua del rey Pirro acompañado de un perro formidable. El término molosoide fue aplicado a los perros por vez primera en 1896, en Francia, por el veterinario Pierre Megnin, al crear un método para clasificar la especie canina según su cabeza y masa corpórea que aún seguimos utilizando: bracoides, lupoides, graioides y molosoides.
La raza aparece complicada en una curiosa pugna entre ambos países. Parece innegable la ascendencia británica, pues es en las islas británicas donde se encuentran las primeras referencias a los perros de tipo bulldog, aquellos que ya en torno al siglo XIII participaban en los combates entre perros de presa y un toro que se mantenía sujeto mediante una poderosa cadena. El resultado fue la aparición de razas con una forma física muy sugerente: enormes cabezas provistas de una mandíbula poderosísima, con la dentadura prognática inferior para facilitar la retención del contrario una vez realizada la presa; hocico corto o arremangado, lo que facilita la aireación pulmonar tan necesaria para la combustión sanguínea intensificada durante el combate; cuerpo macizo, de costillar muy amplio, con extremidades de radio muy ancho, cortas y con tendencia a la curvatura.
SALTANDO EL CANAL DE LA MANCHA
El bulldog francés es una raza muy reciente, que no tiene más de un siglo de existencia. Podríamos decir que se trata de una raza anglo-francesa, pues los ingleses pusieron los ingredientes originales para su formación, los bulldogs, y los franceses llevaron a cabo la selección racial y le dieron sus cualidades más distintivas, poniendo finalmente los americanos la guinda del pastel, esas deliciosas orejas de murciélago que hoy son la expresión más genuina de la raza.
En el siglo XIX se produce una crisis en la industria telar británica y numerosos trabajadores, especialmente los encajeros, quedan en paro y se ven forzados a emigrar a Francia en busca de trabajo. Estas familias llevan consigo sus pequeños bulldogs, que pronto tuvieron buena acogida en Francia, como parece probar el hecho de que en la exposición canina de 1874 del Jardín de Aclimatación de París, se presenta ya un ejemplar. En este último cuarto del siglo XIX la raza progresa de un modo espectacular, cientos de bulldogs son llevados de Inglaterra a Francia, donde existe una fuerte demanda, y en 1888 se fundó el club. Son años de gloria para este perro y Toulouse-Lautrec lo inmortaliza en 1897 en su cuadro “El vendedor de castañas”.
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