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La Didymosphenia geminata, aviso para pescadores
El 21 de mayo de 2009, a un par de semanas del comienzo de la XLIII Semana Internacional de la trucha en León, la prensa local dio a conocer, en algunos tramos del río Porma, la presencia del alga oriunda Didymosphenia geminata.
  Fotos: Guardería Medioambiental de Viuvesa
El artículo informaba del carácter nocivo del “moco de piedra” (como es conocida popularmente, precisamente por su aspecto viscoso amarillento) para la pesca, e incidía en la necesidad de atajar su propagación mediante las medidas oportunas. Asimismo, se hacía eco de la inmediata respuesta de las instancias administrativas competentes.

El “moco de piedra”, descrita por primera vez en las Islas Feroe, al norte de Escocia, en 1819, es un alga unicelular, con una gran capacidad para formar colonias, que tradicionalmente proliferan en las aguas subárticas, pobres en nutrientes. Si bien su presencia ha sido frecuente en lugares como Escocia, Suecia y Finlandia, o en la región china de Kanchou, su aparición en otras regiones del planeta y en otro tipo de aguas, con la consiguiente la alteración de los ecosistemas acuáticos en los que se instala, ha provocado la voz de alarma. Su expansión suele estar sujeta a variaciones estacionales, mostrando una proliferación máxima en verano y mínima en invierno. Al igual que su penetración o reaparición, la desaparición de la Dydimo se produce también de forma súbita. La D. geminata cubre con una gruesa capa dura los fondos de los ríos, llega a alcanzar los veinte centímetros, y puede poner en peligro tanto la cadena trófica alimenticia como las características hidrológicas del río. No es menor, por otro lado, su impacto paisajístico y estético. Todo ello hace que su proliferación en un hábitat foráneo pueda tener una influencia negativa sobre el turismo pesquero y acuático.

Históricamente, el alga solía colonizar aguas frías pobres en nutrientes, pero su presencia y aclimatación en hábitats eutróficos (con mucha comida) puede deberse a alteraciones recientes de los propios ecosistemas acuáticos e, incluso, se conjetura que haya sufrido alguna modificación genética. Las células se pueden transmitir a través de las aves residentes y migratorias, del viento, de la corriente de agua, de los insectos, y animales y, recientemente, también a través de las embarcaciones deportivas y de las botas y/o los vadeadores de los pescadores viajeros. También, la introducción de la Salmo trutta fario en nuevos ecosistemas parece haber contribuido históricamente a la propagación de esta especie típicamente subártica. En las circunstancias actuales, el vector humano es considerado como la principal vía de expansión. Aunque el alga puede ser destruida fácilmente, sin embargo, en un medio húmedo –como las suelas de fieltro– puede subsistir durante un tiempo prolongado. En todo caso, estas consideraciones están pendientes de ser refrendadas por nuevas investigaciones que ayuden a comprender el comportamiento de la Didymosphenia geminata, del que no se tienen suficientes evidencias.

PREOCUPACIÓN
En el número de enero de 2010, la revista norteamericana de pesca a mosca “Fly Fisherman” publica un artículo de John Randolph con el elocuente título “The Didymo Threat” (“la amenaza del didymo”). El mensaje principal que se transmite es que la propagación del “moco de roca” representa una amenaza a escala planetaria para los ecosistemas acuáticos y para la pesca en numerosos ríos. En los últimos años, la plaga se ha extendido sobre todo a algunos de los ríos más emblemáticos de Nueva Zelanda, aunque también a Norteamérica, Europa (Islandia, Noruega, Sur de Polonia, Serbia, Norte de Italia y Norte de España, etcétera.) y Asia (China, Turquía). En estos momentos, frenar su expansión a otros países del Hemisferio Sur, donde acuden pescadores de todo el mundo, como Australia, Argentina y Chile, parece ser una de las tareas más urgentes.

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José Alfredo Fernández Ramos  
 
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